domingo, 25 de agosto de 2013

El sueño de las Magnolias

Amanezco en el Jardín del Edén.
Un horror de verde en manto,
me cubre los senderos hacia el abismo del deseo.
Magnolias que recitan sonetos ebrias
se clavan en mi espalda,
haciendo de mis vértebras un condominio
por donde pasean la amistad con Cronos
de sus tallos.
Cada pétalo llega a horario
al servicio de sonrisas,
transfusión de sangre filtrada en vino,
estío de plumas que desmayan aires
en toda ocasión de azul cuento.
El árbol de la vida acusa churros
rellenos con dulce de leche,
en ramas de impertinencia que exasperan
al ángel de la clonación a sueldo.
Furia de ángeles. Churros al viento y niebla dulce,
con leche de melancolía que trae
vacas espantadas de karma en formato
sachet sacro.
Eva cuelga la ropa de sus ramas
y escurre el vacío de sus senos,
en pezones que silban tormentas añejas,
recordadas en el frío de la nieve subconsciente.
Antes de nacer al grito montado en río,
tres cabras ayunas de ojos fríos,
ciegas de mirar clamando,
desarman en tornillos color hueso
el puente color yeso
de la aurora color hijo.
Nacen desolando la noche de fuegos,
con asomo a salmo sincopado de infantas en celo.
Viejo el Dios, cansado de jugar con genes,
apaga el sol de alumbrado público
y recuesta universos troquelados en hilo de noche.
Las magnolias sueñan frío en mi espalda.
Y la veo llegar.


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